domingo, 14 de agosto de 2016

La familia como institución

Una de las cosas buenas que tiene nuestra sociedad es que podemos criticar cualquier cosa que no nos guste. Todo lo que antes era sagrado es hoy objeto de cuestionamiento e incluso mofa. Dios, el Estado, el mercado, la democracia, la monarquía… de todo nos podemos reír. Habrá a quien no le guste la crítica, pero en general se reconocerá tu derecho a hacerla. Sin embargo, hay una idea que es en buena medida invisible, un concepto que parece tan “natural” y “normal” que resulta ajeno a la crítica. Me estoy refiriendo a la familia.

En general puedes, más o menos, criticar a tu familia. Es muy probable que, si eres joven, los extraños reciban tu crítica con sonrisitas de condescendencia y superioridad. “Ya cambiarás”, “ya entenderás que tus padres te quieren”, “mucho meterte con ella, pero tu familia está ahí para lo bueno y para lo malo”. Nadie te hará ni caso pero tampoco se molestará por lo que digas y, por tanto, no intentarán acallarte.

Esto será así mientras no trates de ir más allá de la crítica a tu familia. Como se te ocurra generalizar y meterte con la familia, con el concepto de familia, de repente la condescendencia se convierte en hostilidad y virulencia. Gente a la que creías muy avanzada y progresista te salta con argumentos marcianísimos sobre la presunta condición natural de la familia, con insultos y con acusaciones de ser un resentido. Parece que la familia es algo que aún goza de buena salud.

No es esto lo que dice la derecha. Para los conservadores apocalípticos la familia está en grave peligro. ¿Cuál es la amenaza? La aparición de nuevos modelos que se añaden a la familia nuclear de la que ya disfrutábamos en occidente. Familias homoparentales, monoparentales, singles, reconstituidas, etc. Ahora cada quien puede constituir más o menos la familia que desee. Pero, a mi entender, esta evolución no quiere decir nada. Porque estas nuevas modalidades lo que quieren es alcanzar los beneficios jurídicos, económicos y sociales que tiene la familia tradicional. Es decir, de alguna manera quieren institucionalizarse.

Cuando hablamos de la familia siempre aparece por ahí esa palabra: “institución”. No es baladí. Usamos el término para referirnos a algo importante, básico, que merece defensa. La propia RAE dice que una institución es “una de las organizaciones fundamentales de un Estado, nación o sociedad”, y nadie negará que a la familia en la España del siglo XXI esta definición le encaja como un guante. Sí, nuestra sociedad está constituida por familias: no podríamos entenderla salvo que la miremos desde esa perspectiva.

Caracterizar a la familia como institución es importante, aunque no por las razones que creen sus defensores. Las instituciones, para mantenerse, ejercen poder. Esto es particularmente visible en las instituciones públicas, porque el Estado tiene el monopolio de la violencia legítima. Pero en las instituciones privadas (familia, empresa…) también hay relaciones de poder. Algunas son legales, otras aprovechan los huecos del sistema y las menos son directamente ilegales, pero todas existen y se reproducen sin control.

¿A qué me refiero? A que en la familia se consienten, toleran e incluso fomentan conductas que en otra clase de relación (de amistad, de pareja, de compañeros de piso…) serían tachadas de inaceptables. Chantajes emocionales, golpes de autoridad, castigos arbitrarios y desproporcionados, humillaciones públicas… No, no exagero. Pensemos en ejemplos. Supongamos una pareja heterosexual que habita en un piso propiedad del varón: ¿sería aceptable que él dijera “mientras vivas bajo mi techo harás lo que yo te diga”? ¿Seguiríamos teniendo relación con un amigo que nos dijera “no vales para nada, vas a fracasar en todo lo que hagas en tu vida”? ¿Aguantaríamos que un vecino nos gritara insultos por infringir las normas de la comunidad? ¿A que no?

Sin embargo, todas estas conductas son normales en la institución familiar. Oh, puede que estés pensando “eso en mi familia no pasa”, y tendrás (espero) razón. Pero la cuestión no es que en una determinada familia todo el mundo se comporte con educación y respeto, sino que el sistema garantiza que algunos de sus miembros tienen la potestad para dejar de hacerlo sin que haya consecuencias. Hay miembros que tienen la capacidad de sentarles la mano a los demás y de conseguir éstos hagan lo que ellos digan. A eso se le llama poder. Pueden no necesitar ejercerlo (porque los demás miembros obedecen sus instrucciones de buena gana) o no estar acostumbrados, pero si hace falta lo ejercerán.

He dicho “algunos de sus miembros” de forma consciente. Quiero apuntar a otra parte de la cuestión: la familia no es una institución igualitaria, sino jerárquica. Fijándonos sólo en la familia nuclear, el poder se ejerce de progenitores a prole. Y esto, que puede ser razonable cuando hablamos de criaturas de cinco o diez años (a la que hay que educar y contener), deja de serlo más adelante. Por supuesto, hay otras líneas de poder: influye la edad (el hermano mayor sobre el pequeño) y el género (la madre no tiene la misma autoridad que el padre).

Todas estas jerarquías se enmascaran como algo lógico, normal, sobre lo que no merece la pena hablar porque es consustancial a la esencia de las cosas. ¿Qué hay más natural que una familia heterosexual, monógama y nuclear donde el padre ejerce la autoridad sobre sus hijos? Pues, a tenor de las diferentes formas que ha tenido la familia a lo largo de la historia (y de la geografía) y de lo que han cambiado los límites de esa autoridad, cualquier cosa. No, la familia no es una formación natural, sino una creación humana que cambia según la sociedad en la que esté.

Algo que garantiza que estas jerarquías se mantengan es la ley del silencio que pesa sobre los abusos familiares. El típico “los trapos sucios se lavan en casa”. Una de los lemas feministas más extendidos es “lo personal es político”, que nació precisamente para mostrar que la violencia de género es un asunto de toda la sociedad. La idea ha ido calando: hoy, por suerte, es difícil encontrar a alguien que sostenga el carácter privado de la violencia de género. Ahora lo que toca es extender esta idea y aplicarla a otras violencias intrafamiliares (1).

Por suerte hay quien ya lo hace: la omertá se está rompiendo. Las redes sociales sirven como un catalizador magnífico para que gente joven de toda condición cuente sus experiencias con progenitores abusivos, agresores o simplemente imbéciles. Recuerdo por ejemplo el proyecto @NoSonDepravados, que trataba de visibilizar los abusos sexuales a menores en el ámbito familiar, y que quedó inactivo cuando su fundadora recibió tal cantidad de acoso que tuvo que cerrar sus perfiles en las redes sociales (2). Pero no hace falta irse tan lejos. Cualquier persona puede relatar estas cosas en su cuenta personal (¡sacrilegio!) y, escudada en el relativo anonimato que proporcionan las redes, recibir el apoyo y la solidaridad de sus pares. Y, mucho más importante, darse cuenta de que casos de abuso familiar los hay a puñados, que no son ni mucho menos algo aislado. Eso da fuerzas para resistir.

Una segunda nota que refuerza las jerarquías familiares, junto con la ley del silencio, es esa idea de que la familia es eterna, de que nunca te podrás librar de ella. Podrás irte de la casa donde naciste (a fundar, claro, tu propia familia), pero nunca podrás romper los lazos con quienes te criaron. “La familia siempre va a estar ahí para lo bueno y para lo malo”, dicen con tono de maldición bíblica, “así que mejor que te resignes, tragues con toda la mierda que te quieran hacer comer y pongas una sonrisa si no quieres que sea peor”. La idea de que es imposible salir de tu familia fomenta actitudes de pasividad.

La familia es la única relación que se nos vende como coactiva. Si tú no eres feliz con tu pareja, puedes dejarla. Si tu grupo de amigos ha dejado de llenarte, puedes dejar de verlos. Si en tu trabajo lo pasas mal, nadie obstará a que te largues. Si tu comunidad de vecinos es un infierno, tus allegados te recomendarán que te mudes. Pero di que quieres salir de tu familia, cortar todo contacto con ella. Si eres adolescente, tu intención será recibida con sonrisillas de condescendencia. Si eres adulto y la has ejecutado, te mirarán raro o pensarán que hay una historia muy turbia detrás. Y no tiene por qué haberla: en este post estamos hablando de casos graves, pero en realidad, si nada te une con un familiar (tu abuela, tu padre, tu hermana), si no le quieres, si te es indiferente lo que le pase, si no te aporta nada, ¿por qué vas a mantener ese contacto?

Fuera imposturas: ninguna relación es obligatoria. Las relaciones sólo deberían mantenerse cuando las dos personas implicadas quieren que así sea. Tienes el derecho de terminar sin sentirte culpable cualquier relación insatisfactoria, sea con tu pareja, con tus colegas, con tus familiares lejanos, con tus hermanos o con tus padres. Pero claro, asumir este principio como norma general quiere decir que los progenitores tienen que trabajarse las relaciones con su prole. Y eso implica rebajar el principio de autoridad y el “porque yo lo digo” y empezar a conocer a los propios hijos, a hablar con ellos, a compartir momentos… en definitiva, a crear una relación (3). Claro, eso cuesta si no tienes costumbre, pero no hay otra.

Hay que asumir que el hecho de ser progenitores, abuelos, tíos o hermanos no convalida nada. Tu hermano puede ser una mala persona. Tu abuelo puede ser un cabrón manipulador y autoritario. Tus padres pueden no quererte. Los automatismos tipo “son tu familia, te quieren” son mentira: nadie quiere a otra persona sólo por compartir unos vínculos de sangre y una historia conjunta. El amor se demuestra con los hechos (con los cuidados, con el cariño diario, con el apoyo), no con las palabras. Si un familiar te ignora, te humilla, te controla o te golpea es que no te quiere, diga lo que diga al respecto. Y no está mal desvincularte de quien te hace infeliz.

Creo que la familia (jerárquica, basada en la ley del silencio, de la que no puedes irte) goza de buena salud porque las nuevas formas familiares parece que buscan, como digo, institucionalizarse. Pero también veo que en mi entorno cada vez más gente se da cuenta de la trampa y trata de evitarla. Últimamente conozco a bastantes personas que han cortado todo contacto con sus familiares cercanos o que planean hacerlo próximamente, y no les va mal. Crean otras clases de lazos, basados en los cuidados mutuos (4). A mi alrededor hay agrupaciones heterogéneas, más fluidas y flexibles que cualquier cosa que quiera llamarse “familia” y en donde veo más felicidad que en las familias que me rodean.

No sé si estamos ante un cambio cultural propiciado por las redes sociales o es que yo me muevo en un entorno peculiar. Lo que sé es que la familia es una institución y, como tal, no es natural: evoluciona, muta y se puede cambiar. Y además, le es aplicable la frase que dijo Groucho Marx sobre el matrimonio: “es una gran institución, siempre que te guste vivir en una institución”. Y a mí me temo que no me gusta.





(1) Voy a repetir algo que ya he dicho más arriba, y es que me da igual que se trate de conductas legales o ilegales. Buena parte de los abusos familiares que puedes leer por ahí son delito, pero nadie los va a sacar a la luz, nadie los va a denunciar y nadie los va a juzgar. Porque, al contrario que en la violencia de género, sigue existiendo la idea de que son problemas privados.

(2) Una buena muestra de que esa omertá existe, cala y no sólo la aplica cada familia para dentro de sí misma. Yo entiendo que el tema que trataba de denunciar @NoSonDepravados es desagradable a más no poder, pero creo que nunca he visto tal nivel de virulencia en un acoso. Parecía casi como si se hubiera roto un tabú religioso. Da que pensar.

(3) Y sí, en una relación niño-adulto es el adulto el que tiene que crear el vínculo.

(4) No he puesto “en el amor” porque el amor sin cuidados no es amor ni es nada.




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26 comentarios:

  1. Debo confesar que he repetido muchas veces eso de que la familia es para toda la vida,que no se puede dejar,y nunca me había planteado si eso era así siempre,o si podía haber opciones.
    Y no es que mi familia sea especialmente cariñosa o agradable, más bien al contrario,hubo y hay muchos casos de abusos y humillación estructural,aunque a los ojos de ellos mismos sean lo normal,y hasta lo correcto,y necesario.
    Supongo que contra todo el lloriqueo eclesiástico de "el fin de la familia", ésta aún está tan firme que aún la idea misma de cuestionarla se hace difícil de pensar...

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    1. Es que esas cosas calan. Lo de que la familia es para toda la vida es una idea que está por ahí, que se infiltra en nuestra mente y que es difícil sacudirse. Yo, por suerte, tuve una socialización un tanto rara, y la primera vez que oí esa idea fue durante mi postadolescencia. Claro, me chocó y no la creí.

      Lamento lo de tu familia. Espero que puedas (si quieres) desvincularte de ella.

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  2. Ufffff, este tema es súper jodido, especialmente porque (como con todo) interiorizas los valores sociales y aunque conscientemente sepas ver la mierda luego hay cosas tan difíciles que aaaaaargh

    Mi madre es hipercontroladora hasta niveles insoportables, y no le importa hacer chantaje o abuso emocional para tenernos controlados a sus hijos. Ejemplo real: hace uno o dos años mi hermana (de más de treinta) con su marido y su hija se fueron a un hostal chusto en la costa de Portugal. De viernes por la tarde a domingo por el mediodía. Como el hostal no tenía wifi y nunca hemos sido precisamente ricos no llamó al llegar porque leches, las llamadas internacionales no son baratas. ¿Resultado? Cuando llegaron al pueblo (que lo primero que fueron fue venir a vernos, antes incluso de ir a su casa a descansar, deshacer el equipaje, etc) mi hermana se comió una broncaza. Pero broncaza nivel chico de trece años que vuelve a las siete de la mañana con más alcohol que sangre en las venas después de una noche sin haber contestado una sola llamada.

    Y en fin, yo (de casi veintidós años) no me escapo de esto (si salgo por ahí antes de las nueve de la noche no es raro que me llame dos o tres veces antes de que se acueste ordenándome que vuelva a mi casa), así que hace al menos un año que tengo pensado cortar relaciones con mi familia en cuanto pueda independizarme, pero a la que hacen la más mínima cosa bien ya me llegan los remordimientos de ese maldito policía interior que todos tenemos.

    Y no sé si prefiero eso o mi padre, que espera que tenga alguna clase de afecto por él cuando creo que literalmente nunca hemos tenido ninguna conversación sobre nada. Y mis padres no están separados,así que puedes imaginarte hasta dónde pasa de mí.

    En fin, ni siquiera estoy muy seguro de qué aporta este comentario aquí, pero meh.

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    1. Joder, lo siento. Yo he tenido que sufrir a uno de esos dos modelos de progenitor (concretamente el progenitor pasota que espera cariño porque sí) y es muy desesperante. El otro modelo, por el contrario, no he tenido que soportarlo... pero conozco suficientes casos como para empatizar contigo.

      Me gusta la idea del policía interior, velando porque cumplas las reglas. Pero si no le haces caso a los policías exteriores, no veo por qué el interior iba a ser distinto. Entiendo los remordimientos, pero piensa que ningún gesto puntual de bondad justifica años de hípercontrol o de pasotismo.

      Y en cuanto a lo que aporta el comentario... pues te has desahogado y eso es lo importante :)

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  3. Cuando escucho, sobre todo de alguien feminista, esto de “un hostia a tiempo es necesaria para educar a los niños” siento que me muero por dentro.

    Y muchas veces ni siquiera hace falta que tu familiar te maltrate como tal, basta con que tenga una ideología muy alejada a la tuya o que sintáis mutua indiferencia para que no te importe. Y tiene sentido, ¿por qué iba a querer a una persona que me parece moralmente repugnante y/o pasa de mi cara? A ver si se cree (y mucha gente lo hace) que tiene derecho al cariño por compartir determinado porcentaje de ADN conmigo. Porque si eres joven siempre te echan mucho en cara que no quieras a tus familiares mayores como si se lo debieras o algo. Hace poco escandalicé a una vecina que me dio el pésame por la muerte de un tío. Cuando le dije que me daba igual me miró como si fuera un monstruo, pero, a ver, ¿por qué me iba a importar la muerte de un franquista al que hacía más de 5 años que no veía, cada vez que lo había visto había reunido sido por obligación de ir a una reunión familiar (nunca se interesó por mi ni por tener contacto) y nunca habló conmigo más allá de para ordenarme algo o reñirme? Sinceramente, me hubiera afectado más que hubiera muerto Jon Nieve.

    Cuando sí es muy chungo es cuanto un familiar directo con el que tienes trato habitual es una persona tóxica. De verdad que es una situación que te puede destrozar porque es muy difícil salir. Es querer a un maltratador, pero con el bonus de que la sociedad te presiona incluso más para que le perdones todo y para hacerte sentir más culpable convenciéndote de que te quiere en el fondo. Te imponen la obligación de querer a quien te destroza la vida y, encima, lo ven bien y algo que hacen por tu bien.

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    1. Claro, es que es eso. En el post he hablado de casos graves, pero si yo he cortado relación con toda mi familia es porque no siento nada hacia ellos. No me aportan nada, no me divierto estando en su compañía, algunos me caen moderadamente mal pero sin más... No sé. Creo que la indiferencia es mucho más disolvente que el odio.

      Y yo también he escandalizado a la gente al decir que no me importaba la muerte de familiares cercanos (más cercanos que un tío) o incluso por bromear sobre ella. La gente se pone de un puritano cuando haces un chiste cruel sobre un familiar tuyo al que ellos no conocen...

      Por suerte nunca he tenido trato habitual con un familiar directo que fuera una persona tóxica. Pero sé lo que es: tengo suficientes amigos que viven un infierno en su casa y toda la presión es para que olviden y perdonen. "Ya sabes cómo se pone", "tu hermano es así", "en realidad te quieren"... Y el otro, mientras, jodiéndole la vida.

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  4. Habría para otra entrada hablar sobre lo necesaria que es la familia, cuanto más nuclear mejor, para la supervivencia del capitalismo. Cuanto más aislados vivamos, mejor para el sistema. La familia hace que no sea posible casi ningún modo de comunidad, porque ya se sabe, las cosas de casa se lavan en casa o se ocultan, que al fin y al cabo, qué les importan a los demás. Un beso

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    1. Definitivamente eso da para otro post. Cuanto más atomizada esté la sociedad, menos vínculos de solidaridad y más necesitamos al mercado para subvenir a todas y cada una de nuestras necesidades.

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  5. Joder, Vimes, en algunos párrafos bien parece que estás hablando de mi familia. :/

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  6. No sé qué es "mejor", si el post o los comentarios...

    Vaya panda de "adolescentes" de treinta años, casapapis quejicas que quieren todos los derechos, pero ninguna obligación.

    Ya saldréis algún día del nido, echaréis pestes de la familia, elogiaréis "la manada" (o cualquier otro término de mierda que os inventéis)... y cuando tengáis un problema serio, uno de verdad, ya veréis cómo se escaquean casi todos vuestros "amigos", y os acordaréis de vuestra familia, que eran unos cabrones, pero no te dejaban en la estacada...

    Cuánto os queda por crecer. Aún pensaréis que estáis innovando con vuestras ideas y pensamientos. Ingenuos...

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    1. Tiene que doler haber aguantado toda la vida una familia de mierda para que ahora venga gente joven a decirte que todo ese sufrimiento ha sido en vano, que podrías habértelo evitado, ¿eh? Claro, es muy triste porque ¿cómo te quedas? ¡De repente tus años de aguantar carecen de sentido! Es casi como un ataque personal, como si te estuviéramos llamando tonto a la cara. Normal que hayas reaccionado así.

      Pero tranqui, nunca es tarde para madurar y entender que no tienes por qué tener ningún vínculo que no te apetezca tener. En ese momento igual hasta puedes empezar a tener amigos de verdad, que no se escaqueen cuando tengas un problema. El precio, claro, es no escaquearte tú... que tal y como hablas de la amistad parece que lo has hecho a menudo.

      Ay, el resentimiento, qué malo es...

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    2. Pos vaya mierda de amigos debes tener para pensar que en cualquier momento de necesidad te van a dejar tirado. Qué concepto tan pobre debes tener de tus propios amigos. O eso o generalizas con los demás porque yo qué sé.
      Qué pasa, ¿que tienes que vivir en un ambiente tóxico con gente que te jode a diario y si quieres escapar de eso eres un irresponsable? Eso suena a chantaje emocional del chungo, como el que se da en las situaciones de maltrato.
      Pero tranqui, eh, relaja, que tampoco se dice que todas las familias vayan a ser malas, tan sólo se dice que la forma en como se entiende la familia en la cultura europea tiene estos defectos y puede generar estas situaciones de abuso. En otras palabras, no se ha criticado a cada familia, sino al concepto de familia. Si te pica algo, tú sabrás por qué.
      También me hace mucha mucha gracia a esa apelación a la madurez, ese llanto por el orden, la ley, y las cosas como tienen que ser, aunque sean una mierda pestilente. Cómo si no fuera lo más maduro y sensato alejarte de gente que no te conviene y rodearte de gente que te aprecia por tus afinidades con ellos. Cómo si no fuera mucho más responsable y sano cortar con un modelo cuando se demuestra que no funciona. Pero claro, la tradición, el orden y el respeto por los mayores, eh, eso es sagrao, eso no se toca. Pues una mierda. Toda esa gente que te viene con ínfulas paternalistas a tratar de amargarte la vida y a tratar de hacerte tragar con la mierda que ellos se tuvieron que comer, pudiendo no hacerlo, eso sí que me parece infantil, caprichoso y maligno.

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    3. No te gastes, Erebus. O sea, que siempre es un gusto leerte y tal, pero que no es más que un troll que busca que me pique. Va a malentender de forma consciente cualquier cosa que digas, como ha hecho con el post.

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  7. Vimes, no soy yo precisamente quien vive con su mami... me parece cómico y grotesco que me pretendes hacer crecer. Tú. A mí.

    Mi familia es normal, por cierto. Con sus virtudes y sus defectos. Pero una cosa que nos diferencia a tí y a mí es que yo sí sé ver sus virtudes. "Otros" sólo saben ver defectos y exigir (a los demás). Creo que tú y tus colegas sois de esos...

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    1. Pero tranqui, Carlitos, que no tienes que enfadarte conmigo. En serio, el hecho de que seas un amargado que ve a sus amigos como personas de las cuales escaquearse si tienen problemas de verdad no quiere decir nada. En cualquier momento madurarás, en serio :)

      Y sobre lo de tu familia... oye, pues ya lamento que tengas una familia normal, pero de verdad, no trates de pagarlo con los demás.

      En fin, ya sabes lo que viene ahora, ¿no?

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  8. Ah, la familia, que gran tema... En mi familia uno no se va de casa hasta que se casa; tengo una prima soltera de cuarenta y tantos que sigue con su madre. Mi hermano cuando se divorció volvió a casa. Yo soy la oveja negra porque me fui a vivir sola.

    Tambien estoy rompiendo la omertá:
    http://www.pikaramagazine.com/2016/05/testimonio/

    Por cierto, unos amigos me consiguieron el piso en el que vivo y otra amiga el trabajo que tengo.

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    1. Joder, vaya historia :/ Y vaya mierda de familia. Hiciste bien en convertirte en la oveja negra y largarte de ese infierno. Amigos > familia, desde luego.

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    2. Y además quiero ser madre soltera, que es más imperdonable todavia XD Se supone que una se hace madre soltera cuando un tipo te deja tirada con el bombo, pero hacerlo tu a propósito porque no te apetece tener pareja... eso es pecado mortal. Mira que me dijeron:

      "O sea, como tu eres una rancia y una borde y no te quieres casar porque asi estás muy a gusto, vas y te preñas y lo tienes sola. Eso no se hace, es saltarse todas las leyes de la naturaleza y tener mucho morro. ¿Que hacia una persona en mil ochocientos si queria tener hijos? Pues se casaba. Asi es como se hace. Y ahora tu vas y te saltas lo que no te gusta y te quedas con lo bueno. Eso es como el que quiere el premio sin correr la carrera, o el que quiere comerse el chocolate y tirar el resto de la galleta. Asi no se hace una familia. O todo o nada. No puedes coger lo que te gusta y dejar el resto. Si quieres hijos tienes que chupar y casarte."

      La gente diferente damos mucho miedo... ¿o será envidia?

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    3. Santo cielo. ¿Eso te lo dijeron literalmente? Estoy flipando. ¿Qué leyes de la naturaleza hablan del matrimonio? ¿De dónde viene esa chorrada de "o todo o nada"?

      La gente, como es infeliz, quiere forzarte a cometer sus mismos errores...

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  9. Si, literalmente. Me lo dijo mi hermano, que está divorciado y se pasa la vida quejandose de su ex, pero como tiene una niña tiene que verla y repatirsela con ella. Siempre es "hoy me tocaba a mi pero se la han llevado al cumple de un primo" y cosas asi. Creo que es envidia de que pueda tener hijos sin pasar por todo eso.

    Mi madre dice que no puedo tener hijos porque tengo tres gatos y "el bebé tendrá la ropa siempre llena de pelos, vendrán los servicios sociales y se lo llevaran". Tal cual. Otro dia vino a casa y tenia unos cuantos platos sucios en el fregadero. "¿Tu quieres tener hijos con la casa como la tienes? Vendrán servicios sociales y te los quitarán. Con lo buena madre que ha sido, que encima me diga eso, pa matarla.

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    1. Suena completamente a envidia mal gestionada, desde luego. Y en cuanto a lo de tu madre, ni los gatos tienen por qué llenar de pelos al niño ni los servicios sociales se van a llevar a ningún menor salvo que el caso sea de desatención completa y grave. Para bien o para mal, España funciona así.

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  10. Yo también necesitaba leer esto...
    Da miedo leer algo tan "feo" y a pesar de todo identificarte con cada palabra.
    Muchas gracias, Vimes.
    (Ah, y los comentarios muy buenos también xD)

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    1. Pues me alegro de que mi texto te haya sido útil :)

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